Archivo de la categoría: 2011 – EE.UU. Parques Costa Oeste

San Francisco

La última etapa de nuestro viaje nos llevaría hoy hasta San Francisco, la ciudad del Golden Gate, las calles empinadas y los tranvías, jejeje

Como era nuestro último día con el coche de alquiler, madrugamos para intentar aprovechar al máximo el día. A las 7 de la mañana abandonamos la cabaña y pusimos rumbo a San Francisco. Teníamos unas tres horas y media de viaje.

Paramos en Mariposa a desayunar en un bar típico de carretera. ¡Estos sitios nos encantan!

Durante el desayuno estuvimos recordando los buenos momentos que habíamos pasado durante el viaje. Supongo que, sin quererlo, nos estábamos dando cuenta de que el viaje estaba llegando a su fin…

Después de soltar cuatro lagrimillas (es que estas cosas nos ponen muy tristes), seguimos camino. Según nos íbamos acercando a la costa, el cielo se fue cubriendo de nubes.

Y cuando llegábamos a Oakland para atravesar el puente de la bahía (Bay Bridge) se puso llover. ¡Qué digo llover! Caían chuzos de punta… y encima se echó la niebla . La lluvia nos trastocó totalmente los planes que teníamos. Decidimos no subir a la colina de Twin Peaks ya que, con la niebla, apenas se vería nada, así que nos fuimos directamente al Golden Gate. Os parecerá una tontería, pero nos gusta sacar fotos cuando atravesamos puentes ‘famosos’.

Como no teníamos ya mucho tiempo, paramos en el mirador que hay nada más atravesar el puente e hicimos la típica foto… también nos acercamos hasta Sausalito, aunque ni siquiera nos bajamos del coche.

Ya de vuelta en San Francisco nos fuimos a bajar por la serpenteante calle Lombard. Con el suelo mojado, impresiona aún más.

Tras comer y devolver el coche de alquiler, fuimos a la oficina de turismo de la plaza Hallidie (Market con Powell) a comprar el abono de transporte (MUNI) para tres días. Nos costó $20 a cada uno, pero si te vas a mover un poco, merece la pena. (Cada viaje en tranvía cuesta $5 y creemos que han subido algo las tarifas desde nuestra vuelta)

A pesar de la lluvia, pasamos la tarde recorriendo algunas partes de la ciudad. Nob Hill con sus empinadas calles, China Town con sus calles decoradas e incluso montamos en los famosos tranvías (cable car). Lo único bueno de la lluvia es que hace desaparecer los turistas de las calles, así que no tuvimos que esperar para coger el tranvía en las principales paradas. Os ponemos algunas fotos del recorrido que hicimos.

Al final de la tarde, nos acercamos al muelle 39, a ver el ambiente. Cuando empezó a oscurecer, nos volvimos al hotel confiando que al día siguiente mejoraría el tiempo y podríamos disfrutar de esta bonita ciudad.

El segundo día en San Francisco amaneció con el cielo cubierto, aunque no llovía ¡¡menos mal!! Desayunamos en el hotel (estaba incluido en el precio) y nos fuimos a visitar el Japanese Tea Garden. Los lunes, miércoles y viernes es gratis si vas antes de las diez de la mañana, así que aprovechamos para ahorrar algo de dinero… (¡¡A estas alturas del viaje, jejeje!!)

Es un jardín japonés, lleno de plantas, bonsáis, lagos, puentes. En definitiva un precioso lugar para dar un paseo tranquilo. Además, como fuimos prontito, apenas había media docena de personas a parte de nosotros con lo que el silencio era absoluto. ¡Un verdadero remanso de paz y tranquilidad!

Como el tiempo no nos había dejado disfrutar de nuestro primer día de visita, volvimos a callejear por la zona de Nob Hill. Calle ‘parriba’ calle ‘pabajo’. Como podéis ver había bastante más gente esperando para montar en los tranvías turísticos que el día anterior.

Como eso de patear las calles da hambre, paramos a comer en un bar que nos pareció que tenía buena pinta. El Loris Diner. El bar está ambientado en los años 50 y la verdad es que nos gustó mucho…

Por la tarde, nos dedicamos a recorrer las zonas que habíamos estado el día anterior, pero que el mal tiempo no nos había dejado disfrutar.

Para acabar el día, nos acercamos a Alamo Square para fotografiar las Painted Ladies al atardecer.

Nuestro último día en San Francisco decidimos tomárnoslo con tranquilidad. Llevábamos ya 24 días de viaje y la verdad es que se notaba.

Como no habíamos podido disfrutar del Golden Gate el día que llegamos, pensamos que una buena manera de verlo, sería atravesarlo andando. Yendo tranquilos y sacando fotos, tardamos aproximadamente una hora en llegar al mirador del otro lado.

Aunque ya habíamos oído hablar de ellos, nos sorprendió ver los teléfonos que hay para la gente que tiene tentaciones de tirarse al vacío.

La verdad es que es un paseo muy agradable. Otra opción es alquilar una bici, pasar el día en Sausalito y luego regresar en ferry, pero nosotros no teníamos tiempo ya que todavía teníamos que hacer unas compras de última hora.

Mientras esperábamos al autobús que nos devolvería al downtown, vimos un pequeño pajarito que se posó en una rama de un matorral. ¡un colibrí! Nunca habíamos visto ninguno. Son súper-rápidos y no fue fácil pillarles en vuelo.

Después de las compras, comimos y nos fuimos a la zona de los muelles. A las 6 de la tarde teníamos reservada la visita a la Isla de Alcatraz, así que estuvimos dando una vuelta por allí hasta que se hizo la hora. Fuimos a ver si veíamos los famosos leones marinos que suelen habitar en los muelles, pero sólo había cuatro, aunque dos de ellos estuvieron haciéndose unos cariños, jejeje

Cuando fue la hora, fuimos hacia el muelle 33, enseñamos las entradas que llevábamos impresas desde casa y esperamos que nos llamaran para embarcar. El viaje duró aproximadamente quince minutos, así que no se hace largo…

En la isla nos esperaba un Ranger que hizo de guía durante la primera parte del recorrido (hasta que llegamos al edificio principal). Allí nos dieron el audio-guía (en español) y en ese momento, comenzó la visita por libre siguiendo los puntos que iba marcando el aparatillo. La vista está curiosa y nos lo pasamos muy bien. La zona del hospital sólo está abierta si reservas el tour de las 6 de la tarde.

Aunque el último ferry salía de la isla a las nueve y media, nosotros ya habíamos acabado la visita, así que preferimos volver a San Francisco en el de las nueve menos cuarto y así veríamos el atardecer sobre la ciudad.

Como ya era de noche y no estábamos seguros hasta qué hora había autobuses para llegar al hotel, preferimos marchar y cenar cerca del hotel. Así todo, cuando llegamos, nos costó encontrar un sitio donde cenar que no fuera un Mc’Donals.

El día de regreso nos lo tomamos con mucha calma. Habíamos contratado un servicio de transporte al aeropuerto que nos vendría a buscar al hotel al mediodía. Desayunamos tranquilamente y tras hacer las maletas (!!jo*** lo que nos costó volver a meter todo!!), salimos a dar un paseo por los alrededores del hotel.

A la hora prevista, nos vinieron a buscar con una furgoneta de esas con 9 plazas. Pasamos por un par de hoteles a recoger a otras personas y sobre las doce y media estábamos en el aeropuerto.

Airfrance nos había avisado un par de días antes, que nuestro vuelo retrasaba su salida una hora. Aunque en San Francisco esto no tenía importancia, en París nos hacía perder el enlace hasta Bilbao y aunque nos dieron asiento para el siguiente vuelo, tuvimos que estar un par de horas más de lo previsto en París y la verdad es que se nos hicieron eternas.

En el control de Pasaportes, tenían la maquinita esa nueva que te ve ‘por dentro’. Había un cartel avisando que estaba en pruebas y que no era obligatorio ‘todavía’ pasar a través de ella. Así todo, yo lo probé (igual me hacía cosquillas y todo…). Apenas tarda unos segundos.

Mientras tanto, en el aeropuerto cada uno pasaba el tiempo como podía. La espera en un aeropuerto se puede hacer muuuuuy larga.

Vimos que se acercaba un avión muy grande a la zona de embarque donde nos encontrábamos. Era nuestro Avión, el Airbus 380. Aunque por fuera parece enorme, en la clase turista los huecos entre asientos, nos parecieron iguales que en otros aviones que hacen la ruta transoceánica. Eso sí, para entretenimiento, teníamos de todo. TV, un pequeño videoclub, video-juegos, etc… Os ponemos algunas fotos del ‘peazo bicho’

Lo que no sabíamos es que, con tanta tecnología, seguían aparcando los aviones a ojo, jejeje

A la (segunda) hora prevista, embarcamos y salimos sin problemas hacia París. A través de las cámaras exteriores del avión, se puede ver cómo se realiza el despegue.

Cuando llevábamos un par de horas de viaje, sobrevolamos el estado de Wyoming y pudimos ver la cordillera de Grand Teton. ¡Qué recuerdos!

Y poco después, nos dieron de cenar y nos dijeron que nos teníamos que ir a la cama, jejeje. Nos bajaron las cortinillas y también la luz ambiente. El que pudo se echó un sueñecito.

Tras aproximadamente 10 horas de vuelo, aterrizamos en París. Tras cambiar de terminal, tuvimos que volver a pasar el control de pasaportes. ¡Qué pesados! Y aquí nos pasó lo que nunca nos había pasado en otros aeropuertos. Nos hicieron sacar todas las cosas de la cámara de fotos (cuerpo, objetivos, filtro, etc…) y pasarlos en el escáner en una bandeja aparte. Cuando la chica de seguridad vio la cantidad de cosas que llevábamos, flipó en colores.

¡Esto se ha acabado! Una verdadera pena. La verdad es que ha sido un viaje de los que no se olvidan. Hemos atravesado seis estados, 8000 kms. y nos hemos traído la friolera de casi 11.000 fotografías.

Todas las fotos que hemos puesto en el blog (y algunas más …) están geo-localizadas en nuestra galería de Flickr, así podréis saber la localización exacta de los lugares que hemos visitado.

Esperamos que os haya gustado nuestro relato.

Anna & Oskar

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Yosemite, el pulmón de California

Elegimos entrar a Yosemite por la entrada este por dos razones. La primera, porque queríamos ver Tioga Pass y Toulumne Meadows y la segunda porque queríamos ver Mono Lake. Un lago con unas curiosas formaciones salinas que emergen del fondo.

El lago se encuentra en la carretera que sube hacia Lee Vinning, así que nos pillaba de paso para ir a Yosemite. Como es un espacio protegido no puedes andar por donde quieres, así que nos ceñimos a los senderos marcados.

Yosemite es, junto con Yellowstone, uno de los parques nacionales más conocidos de EE.UU. Fue declarado parque nacional en 1890 y Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1984. Es visitado por millones de personas cada año, así que, si podéis evitar los meses de verano, mucho mejor.

Nosotros estuvimos a finales de junio y la verdad es que había muchísima gente. (También es verdad que coincidió en fin de semana). Por cierto, esta entrada del parque estuvo cerrada por nieve hasta el día 18 de junio, así que es recomendable consultar la página del parque para ver el estado de las carreteras.

Según empezamos a subir hacia Tioga Pass, el paisaje volvía a cambiar radicalmente. Grandes montañas todavía nevadas y laderas verdes. ¡esto es otra cosa!

Antes de llegar a la entrada del parque, hicimos un par de paraditas en un par de lagos que encontramos por el camino.

Una vez dentro del parque, llegamos a Toulumne Meadows. El centro de visitantes estaba todavía cerrado por la cantidad de nieve que quedaba. Pasamos la tarde recorriendo toda la zona. Cuando veíamos algo que nos gustaba, parábamos y nos dábamos un paseo sacando unas fotos.

Como teníamos que atravesar todo el parque hasta donde teníamos el alojamiento, a media dejamos la zona de Toulumne Meadows y pusimos rumbo hacia nuestro hotel.

El segundo día en Yosemite empezó temprano. Eran las 7:30h y ya nos habíamos puesto en marcha. Paramos en el Portal Market a hacer las compras del día y a desayunar. Nada más entrar en el parque nos sorprendió la cantidad de agua que llevaba el río Merced.

Siguiendo por la carretera 140 (southside drive), que rodea el río Merced, paramos en un sitio donde había unas magníficas vistas de las Yosemite Falls reflejadas en el propio río.

Como aficionados de la fotografía que somos, no podíamos dejar de visitar la Ansel Adams Gallery. Para quien no le conozca, Ansel Adams se hizo famoso por sus magníficas fotografías en blanco y negro del parque Nacional de Yosemite, aparte de ser el creador del sistema de zonas (los fotógrafos sabrán de qué hablamos). ¡Eran otros tiempos!

A mediodía dejamos la zona del valle y nos fuimos hacia el sur, hacia la zona de las sequoias (Mariposa Grove). Se llega en aproximadamente 1 hora siguiendo la carretera 41. Como nos habían avisado que el parking era reducido, optamos por dejar el coche en Wawona y coger el autobús gratuito que te lleva hasta las sequoias.

Una vez allí, nosotros optamos por hacer el recorrido por nuestra cuenta, aunque también hay un tren “chu-chu” que hace el recorrido por el módico precio de $26,50.

Nosotros hicimos casi todo el recorrido y estuvimos 4 horas (incluyendo el rato que paramos para comer). La primera parte está preparada para todo tipo de personas, pero luego el asfalto se convierte en camino de tierra y te puedes encontrar algún tramo con algo más de dificultad.

Es alucinante la altura el y grosor que tienen algunos de los árboles. Parece increíble que algunos tengan más de 3000 años… Aquí van unas cuantas fotos…

Para acabar el día, subimos hasta Glacier Point para ver el atardecer. Hubo bastante gente y un ranger muy majo, nos dio una charla sobre cosillas del parque. Las vistas… sin palabras. Mejor verlo en fotos.

Nuestro último día en Yosemite lo teníamos bastante apretado. Por la mañana iríamos a hacer un trail por el Mirror Lake y por la tarde nos dedicaríamos a ir por los puntos de interés que nos quedaban pendientes.

Repetimos lugar para el desayuno y antes de las 9 de la mañana ya estábamos dando vueltas por el parque. Lo primero que fuimos a ver fue una capilla/iglesia que hay dentro del parque. No tiene nada del otro mundo, pero por fuera es curiosa.

Antes de ir al Mirror Lake, nos fuimos a ver las Yosemite Falls, pero esta vez un poco más de cerca. Era tal la cantidad de agua que caía que apenas te podías acercar sin mojarte entero… con un poco de paciencia (esperando a que no hubiera nada de viento) conseguimos sacar alguna foto.

A la zona de Mirror Lake no se puede llegar en coche particular, así que dejamos el nuestro en un parking y cogimos el bus gratuito. Cuando llegamos, vimos que todo el mundo seguía una carretera asfaltada que iba por la margen izquierda del río. Nosotros y otra pareja de españoles optamos por ir hacia la derecha por el camino que indicaba el trail.

No pudimos llegar al final del trail porque nos encontramos una señal que nos advertía que había habido desprendimientos de rocas y era peligroso andar por allí. Así que nos dimos media vuelta y como teníamos tiempo, fuimos a ver a donde había ido el resto de la gente. Resulta que en una de las orillas del lago, había montada una especie de playa y como no podía ser de otra manera, esta petada de gente bañándose…

Siguiente un poco más adelante encontramos un sitio donde se ve un bonito reflejo de Half Dome y North Dome sobre el lago.

Ya por la tarde, hicimos un recorrido por algunos de los puntos de vista más interesantes del parque.

Y con estas maravillosas vistas, dimos por finalizada nuestra visita al parque de Yosemite.

Al día siguiente, partimos hacia nuestro último punto del viaje. La ciudad de San Francisco.

El valle de la muerte !!!

Entre que nos lo tomamos con calma para salir de las Vegas y que había unas 2 horas hasta la entrada de Death Valley, cuando llegamos era casi la hora de comer. Pocos kilómetros antes de llegar al parque cruzamos la frontera del estado. ¡Estábamos en California!

Este parque es el único de todos los que hemos estado en el que no hay cabinas de control en la entrada del Parque. Se supone que tienes que ir al Visitor Center y tras enseñar el pase, te dan un papel para poner en el parabrisas. Nosotros así lo hicimos.

Debido al calor extremo que hace en este parque, nuestra intención era ver los miradores más importantes, así que nos fuimos hacia Dante’s View. Desde este mirador se ve la cuenca de Badwater Basin. Un lago de sal en mitad del más puro desierto; el paisaje parece de otro planeta. Como había bastantes mosquitos nos estuvimos mucho tiempo, pero el suficiente para sacar unas cuantas fotos.

A medida que íbamos conduciendo por la carretera del parque, el paisaje nos sorprendía más y más. Nuestro siguiente punto fue Zabriskie Point. Desde el parking hay que subir unos metros hasta un mirador… ¡alucinante! La combinación de formas y colores hace que nos quedemos un buen rato sacando fotos. Lo único que hizo que nos fuéramos era el excesivo calor.

Como no teníamos claro si encontraríamos algún sitio con sombra, aprovechamos el climatizador del coche para comer de camino a Badwater Basin. Es el punto más bajo de los Estados Unidos (86 metros por debajo del nivel del mar) y cuando llegamos, el termómetro marcaba ya 49°C, así que no nos entretuvimos mucho. Justo salimos del coche para andar un poco hasta donde empieza el lago salado y sacar las fotos de rigor… la verdad es que no se podía estar fuera del coche.

Ya de vuelta, nos desviamos para recorrer Artist Drive. Un pequeño recorrido circular que te mete entre las colinas que hay al borde de la carretera. De nuevo nos quedamos gratamente sorprendidos por los paisajes que descubrimos. El termómetro aquí alcanzó la temperatura máxima que hemos tenido en el viaje ¡50°C!

Para acabar nuestra visita, seguimos por la carretera que cruza el parque (190) y llegamos hasta las dunas de Mesquite. Otra alegría para la vista.

Sólo recordar que es muy importante llevar el depósito de gasolina lleno cuando entremos en el parque y también una buena provisión de líquidos.

Lo que quedaba de tarde lo pasamos en la carretera dirección a Mammoth Lakes, la puerta de entrada al Parque Nacional de Yosemite.

A decir verdad la salida del parque se nos hizo bastante larga. Rectas interminables y carteles avisando que se desconectara el aire acondicionado del coche de vez en cuando.

La anécdota del día fue que en Bishop había control de la policía y nos pararon. Sólo nos pideron el carnet de conducir. Le enseñamos el internacional y sin problemas.

Llegamos a nuestro destino pasadas las ocho de la tarde, ya casi anocheciendo. Había 15°C¡En el mismo día, habíamos tenido una diferencia de 35°C!

Las Vegas, un parque de atracciones para adultos

Hoy iba a ser un día de relax (de los pocos que hemos tenido en este viaje), así que después de desayunar, cogimos el coche y nos fuimos a visitar la Presa Hoover. Antes de entrar al recinto, hay un control de seguridad bastante importante. Vimos varios coches y caravanas que estaban siendo registrados por personal de seguridad.

La Presa Hoover es una presa de hormigón de arco-gravedad, ubicada en el curso del río Colorado, en la frontera entre los estados de Arizona y Nevada (EE. UU.). Está situada a 48 kilómetros al sureste de Las Vegas. Recibe su nombre de Herbert Hoover, que jugó un papel fundamental en su construcción, primero como Secretario de Comercio y después como Presidente de Estados Unidos.

La construcción comenzó en 1931 y fue completada en 1936, dos años antes de lo previsto. Está gestionada por el Bureau of Reclamation del Departamento de Interior. Desde 1981 figura en el Registro Nacional de Lugares Históricos. El lago creado aguas arriba recibe el nombre de Lake Mead, en honor de Elwood Mead, ingeniero que previó la necesidad de la presa.  (información obtenida de la wikipedia)

Tras aparcar el coche en el parking cubierto ($7), fuimos a sacar los tickets para la visita guiada ($11 c/u). Al comenzar la visita, nos pusieron un video donde pudimos ver las distintas fases de la construcción de la presa. Dura unos 10 minutos y es bastante ameno. A continuación nos llevaron al interior de la presa. Allí nuestro guía nos explicó el porqué de la construcción de esta presa y algunos aspectos técnicos de su funcionamiento.

En las fotos que vienen a continuación se puede ver una de las cuatro tuberías que utilizaron para desviar el cauce del río Colorado y la sala de turbinas

Después de acabar la visita guiada, ya en el exterior, seguimos por nuestra cuenta. La verdad es que es enorme… y está bien poder pasear por encima de ella. Para acabar, subimos a un parking que hay un poco más arriba y atravesamos andando el puente que atraviesa el río Colorado. A un lado estás en el estado de Nevada y en el otro lado estás en Arizona. Las vistas de la presa son magníficas.

Ya casi saliendo del recinto, paramos en un mirador desde donde se puede ver un puerto deportivo (Hemenway Harbor) construido en el lago Mead.

Ya de vuelta en Las Vegas, fuimos a sacarnos la típica foto debajo del cartel famoso que te da la bienvenida a esta “fabulosa” ciudad.

El plan para la tarde era salir a dar una vuelta por la Strip y entrar en alguno de los hoteles más famosos. Pero antes comimos en un buffet dentro del hotel y nos fuimos a descansar un poco a la habitación. (Para evitar el calor de las horas centrales del día)

A media tarde, y aunque Lorenzo seguía pegando de lo lindo, salimos a recorrer la Strip. Cada poco tiempo teníamos que entrar en algún local porque el calor se hacía insoportable.

Llegamos hasta el famoso Venetian. La verdad es que por dentro está super logrado. Grandes espacios que recuerdan a los canales de Venecia y a la plaza San Marcos.

Cuando empezaba a atardecer, nos fuimos al Bellagio para ver el espectáculo de las fuentes. A esas horas, era cada 15 minutos. Lo vimos dos veces porque la primera llegamos un pelín justos de tiempo y no pudimos coger un buen sitio. La segunda vez (20:30h) nos pusimos en la mitad y la verdad es que se disfruta mucho más. Para deleite nuestro, la canción que pusieron fue ‘My Heart Will Go On’ de Celine Dion (tema principal de la banda sonora de Titanic) y, aunque nos da un poco de vergüenza reconocerlo, nos emocionamos un poquito…

De vuelta al hotel, sacamos alguna foto más del ambiente nocturno de Las Vegas.

No podemos decir que no nos haya gustado Las Vegas, pero es que, entre el calor y que no somos muy de esos ambientes, tampoco nos ha ‘enamorado’ . Con el día que pasamos nos resultó suficiente.

La joya del oeste americano: El Gran Cañon

El siguiente alto en nuestro camino nos llevaría hasta Sedona, un pueblo turístico en el corazón del estado de Arizona.

El porqué de la visita a este pueblo tiene su historia. Cuando nos fuimos vivir juntos Anna y yo, hace ya 12 años (ufff… cómo pasa el tiempo), mi suegro nos regaló un puzle con una foto de un paisaje de Estados Unidos, aunque nunca supimos donde estaba.

Pues bien, mientras buscábamos información para nuestro viaje a la costa oeste de EE.UU., en una guía vimos una foto que se parecía enormemente a nuestro puzle. El lugar era Cathedral Rock, en Sedona.

Como además no estaba excesivamente lejos (a unas 2 horas) de la entrada del Parque Nacional del Gran Cañon, decidimos que sería nuestra base para los siguientes 2 días.

Uno de los caprichos que nos dimos en nuestro viaje, fue reservar un vuelo en helicóptero sobrevolando el Gran Cañon.

¡Una pasada volar en helicóptero y una pasada hacerlo por encima del Cañón del Colorado!.

Descubres ante ti la maravilla de la naturaleza en todo su esplendor! La vista aérea te permite ver el río lejos, abajo, muy pequeño. Pero es el responsable de haber dibujado semejante paisaje en las rocas.

Cómo sólo íbamos a estar un día, nuestra visita se limitaría a hacer la ruta de los miradores, desde Desert View (el punto más alejado que se puede ir coche) hasta Hermist Rest ( en la zona donde sólo se puede acceder en el autobús del parque).

Por la mañana decidimos visitar la zona que se puede ver con coche particular, la Desert View Drive. Fuimos parando en los diferentes miradores. Las vistas son increíbles. Todo lo que la vista alcanza, es Grand Canyon.

También visitamos Desert View Watch Tower. En el interior se encuentra el Tusayan Museum (con temática india). Desde lo alto de la torre se tiene una buena panoramica de parte del Cañon.

Después de comer, dejamos el coche en la zona donde comienza la línea de autobús que recorre la Hermist Road (por cierto que nos costó bastante aparcar por la cantidad de gente que había).Nuestra intención era recorrer todos los miradores bajando en las diferentes paradas del autobús.

Nuestra primera parada, Trail View Overlook. El mirador estaba hasta los topes de gente. Lo que más gracia nos hizo, fue las turistas orientales tapadas hasta las orejas y con paraguas para protegerse del sol.

Sin perder mucho tiempo, cogimos el siguiente bus y viendo que venía a tope de gente, al montar decidimos que sólo haríamos una parada más. Nos bajamos en Pima Point, la anteúltima parada de la línea. Más de lo mismo. Mirador a rebosar de gente que hacía difícil disfrutar de la maravilla que teníamos antes nosotros.

Con la sensación agridulce de haber visto una maravilla de la naturaleza y no haber disfrutado del todo, nos fuimos de regreso hacia el hotel. Para no variar, andábamos justos de tiempo y todavía teníamos que localizar el lugar para sacar la foto que nos había traído hasta Sedona.

Cuando llegamos, apenas faltaban 20 minutos para que cerraran el parque, así que a la carrera, nos pusimos a buscar la localización para la foto. ¡Qué estrés! Al final, nos tuvimos que salir del parque porque nos dieron las ocho y nos iban a bajar la barrera. ¡Otro pequeño disgusto!

Menos mal que Anna se empeñó en seguir buscando en los alrededores del parque y al final encontramos el sitio. ¡Qué bien! Y además era la hora azul. Creemos que mereció la pena.

Después de muchos días de viaje, éste fue uno de los pocos en que nos levantamos sin prisa. Hoy tocaba “turismo” por Sedona. Cargamos el equipaje en el coche y nos fuimos a desayunar. Luego nos acercamos hasta el punto de información y turismo y preguntamos por Tlaquepaque, una recreación de un auténtico pueblecito mexicano en el centro de Sedona.

Está bien para pasar un rato. Hay un montón de tiendas y galerías de arte…

Para acabar nuestra visita a Sedona, nos fuimos a visitar una curiosa capilla que está construida en lo alto de una colina.

Como podéis ver, en Sedona se maneja $$$

A mediodía dejamos Sedona y nos pusimos en marcha hacia nuestro siguiente destino: ¡Las Vegas!

Como no teníamos nada más que hacer que llegar a Las Vegas para dormir, decidimos conducir unos kilómetros por la mítica Ruta66.

Hemos de decir que, este tramo, nos decepcionó un poco . Vamos a ver, igual nos esperábamos otra cosa.

Al llegar a Seligman nos salimos de la autopista 40 y cogimos la carretera 66. Al atravesar el pueblo, nos pareció que era todo como muy turístico, demasiados chiringuitos para comprar suvenires. Cómo pensábamos que habría más pueblos a lo largo del recorrido, no paramos.

Pues bien, hasta llegar a Kingman, a 160 km., lo único que hay es la General Store de Hackberry. Una antigua una estación de servicio ambientada al estilo ruta 66. Paramos a hacer unas fotos y seguimos nuestro camino.

Cuando llegamos a Kingman, cogimos la carretera 93 que nos llevaría hasta Las Vegas. A medida que íbamos acercándonos al límite con el estado de Nevada, la temperatura seguía subiendo. 42°C … 45°C, ¡hasta 48°C! cuando llegamos a la presa Hoover, y eso que ¡eran las 7 de la tarde!. Cómo teníamos pensado volver al día siguiente, sólo dimos una vuelta por los miradores sin bajarnos del coche.

Antelope Canyon, un sitio único

Después de la visita inesperada de la policía (ver final del post anterior), desayunamos en el motel y nos pusimos en marcha. Como teníamos tiempo hasta la hora en que teníamos reservado el tour fotográfico en Antelope Canyon (13h), nos acercamos a ver HorseShoe Bend. Está muy cerca de Page, a menos de 10 kms., y creemos que merece la pena visitarlo. Desde el parking, sale un sendero de arena de poco más de 1 km. que llega hasta el borde del mirador. No hay ningún tipo de barandilla o protección, así que hay que andar con cuidado. Desde aquí arriba se puede observar el gran meandro que hace el río Colorado a su paso.

La vuelta, al hacer calor, se hizo un poco durilla, sobre todo el tramo final que es cuesta arriba. Como siempre, la recomendación es llevar agua suficiente.

Hicimos un poco de tiempo y comimos antes de presentarnos en las oficinas de Antelope Slot Canyon Tour. El cañon está dividido en dos partes; Upper y Lower. Según pudimos leer en diversos foros, el lower está menos masificado, pero también es menos espectacular, así que nosotros nos decidimos por el upper. (las visitas a las dos partes se pagan por separado).

En cuanto organizaron los grupos para el transporte, salimos hacia el cañón. Aunque íbamos con una pareja con dos hijos, nos dijeron que sólo nosotros habíamos contratado el tour fotográfico, así que tendríamos un guía para nosotros solos. Cuando hicimos la reserva nos avisaron que las visitas siempre son guiadas y que te puedes encontrar con otros grupos.

Una vez que salimos de la carretera general, nos metimos por una pista de arena. Parecía que estábamos en el Paris-Dakar. El indio que conducía nos llevó a toda pastilla excepto en un par de tramos donde casi nos quedamos enterrados… Tras 20 minutos, llegamos a la entrada del cañón. Los grupos fueron entrando y a nosotros nos dejaron para el final.

El sitio por fuera no tiene nada… una grieta en la tierra que apenas tiene 200 mts. de largo y 20 mts. de alto. Lo realmente bonito está en el interior.

Antes de entrar, nuestro guía navajo Rob, nos dio unas indicaciones sobre qué parámetros poner en la cámara. Ya en el interior, nos fue diciendo cuales eran los mejores puntos de vista para sacar las fotos, a la vez que nos contaba la historia del lugar. A veces hasta nos llevaba el trípode cuando no lo estábamos usando. ¡Una joya de guía! Aunque nos cruzamos con otros grupos, no tuvimos ningún problema para hacer las fotos ya que él se encargaba de apartar a la gente y hacerles esperar hasta que sacáramos las fotos. (Aunque la foto fuera de varios segundos de exposición)

Los rayos del sol que consiguen colarse en el interior, producen en las paredes del cañón una variedad increíble de tonalidades que van desde el amarillo hasta el violeta pasando por diferentes tonos de naranja.

No sé si tuvimos suerte con el guía o es así siempre, pero para nosotros mereció la pena pagar los $18 extras (el tour normal son $32) y contratar el tour fotográfico. Como se suele decir: dinero bien gastado.

Tras dos horas sin parar de hacer fotos, la vuelta la hicimos en un santiamén y salimos de nuevo al exterior. Allí ya nos estaba esperando un coche que nos llevó de regreso a Page.

La siguiente etapa de nuestro viaje nos llevaría hasta Sedona, una ciudad en el centro del estado de Arizona (a 275 km de Page).

Bryce Canyon & Zion National Park

Estamos en Page, estado de Arizona. ¡Recordad que hay que retrasar una hora los relojes respecto a la hora de Utah!

El planning para los tres días siguientes era un poco flexible dependiendo de si podíamos visitar Paria Canyon. Allí se encuentra “The wave”: una galería de piedra arenisca con pilares deformes, conos, hongos y otras creaciones extrañas. Los depósitos de hierro dan a la zona una mezcla única de colores trenzados en la roca, creando un arco iris espectacular de amarillos, rosados y rojos.

Debido a que es una zona muy protegida, sólo se puede entrar con permiso. Hay dos maneras de conseguir este permiso. Una es por internet y hay que solicitarlo varios meses antes (entre los solicitantes, se hace un sorteo) y la otra es acercarse hasta la Paria Contact Station donde se hace otro sorteo. Sólo dejan entrar a 20 personas al día (10 con permisos de internet y otros 10 con el sorteo insitu). El permiso (en caso de que te toque) te lo dan para el día siguiente.

Como no tuvimos suerte, seguimos nuestro camino hacia Bryce Canyon. A este parque se accede desde la zona norte, por lo que si vienes desde Page, hay que dar una bonita vuelta.

Bryce Canyon es conocido por sus curiosas formaciones rocosas que se elevan desde el fondo del cañón llamadas hoodoos (chimenea de hadas). Estas formaciones han sido creadas a lo largo de los años por la erosión a causa del viento, del agua y del hielo.

Hay una carretera que va bordeando el cañón y que atraviesa el parque de norte a sur. Desde esta carretera se accede a los diferentes miradores o trails que hay en el parque. Como sólo disponíamos de medio día, preferimos recorrer todos los miradores tranquilamente. Hay autobuses a disposición del que no quiera utilizar el coche con una frecuencia de 10’.

Nuestro recorrido empezó por los miradores más alejados del parque. El Rainbow Point y Yovimpa Point.

Después de comer seguimos la ruta de los miradores y paramos en Black Birch Canyon, Ponderosa Point, Aqua Canyon y Natural Bridge.

Aquí nos empezamos a dar cuenta de que había mucha más gente que en otros parques. Se nota que la gente que empieza su viaje por el oeste (San Francisco o Los Ángeles) llega hasta aquí.

Dejamos para el final la zona del Anfiteatro, la más espectacular. Es un sitio de grandes dimensiones y mires donde mires, ves algo que te sorprende por su forma y colorido. Primero fuimos a Bryce Point e Inspiration Point.

En este punto tuvimos la visita de un par de ardillas que siempre estaban atentas por si alguien les echaba algo de comer. A pesar de los múltiples avisos que hay sobre la peligrosidad de darles de comer, siempre hay algún listillo que se los salta. Nosotros aprovechamos para sacar unas fotos…

Y para acabar llegamos a Sunset Point. Aquí, dejamos el coche en el parking y fuimos dando un paseo hasta Sunrise Point. El camino no tiene ninguna dificultad y es muy agradable. Los árboles decoran muchas de las explanadas, enseñándonos sus grandes raíces que se retuercen a lo largo de la tierra arenosa.

Al igual que el día anterior, tras desayunar, nos fuimos hasta la Paria Station para ver si teníamos más suerte en el sorteo para los pases de “The Wave”. Cuando dieron las 9 en punto, comenzó el sorteo… Uyyyyyyy!!! Salió el número que tuvimos ayer ¡mala suerte!. Al final no pudo ser.

El planning alternativo era visitar el Zion National Park, así que, después de secarnos las lágrimas (*), nos pusimos en marcha.
(*) Hubo una chica oriental que se puso a llorar como una desconsolada cuando terminó el sorteo y no le toco el pase. Nos comentaron que habían ido tres días seguidos y este era su último día por la zona.

Como el parque no se puede visitar con el coche particular, localizamos un parking cerca de Zion Junction y dejamos allí el coche. Como nos pillaba al lado, pasamos por el Visitor Center a recoger información sobre el estado de las caminatas que queríamos hacer. “The Narrows” ¡estaba cerrado! … vaya día llevábamos.

A pesar de todo, decidimos seguir con nuestro plan. Cogimos un autobús que nos llevaría hasta Temple of Sinawava, comienzo de The Narrows.. El sendero transcurre por el cauce del río y está acondicionado para todas las personas (incluso para sillas de ruedas). Al llegar al final del sendero vimos la causa de que The Narrows estuviera cerrado; el río bajaba con demasiada agua.

Regresamos al punto de partida e hicimos una pequeña paradita antes de comenzar la siguiente caminata, la que llevaba a las Emerald Pools. Aunque la primera parte es muy sencillota (hasta llegar a la Lower Emerald), la parte media y final del trail se complica con zonas de piedras donde es fácil resbalarse.

 El paseo estuvo bien, aunque nos esperábamos algo más. Suponemos que después de ver el colorido de las “pool” de Yellowstone, las demás siempre nos van a parecer menos vistosas.

Cuando regresamos del trail, hicimos unas comprillas en las tiendas que hay al lado del Zion Lodge y descansamos un poquillo tomando algo. Después cogimos el bus que nos llevaría al parking donde teníamos el coche. Mientras abandonábamos el parque, todavía nos dio tiempo a hacer alguna foto desde las zonas más altas.

Según salíamos del parque, vimos a una manada de cabras montesas que andaban al borde de la carretera.

Al llegar a Page, la calle de nuestro motel estaba cortada por la policía. Era como en las películas. Coches con las luces multicolores, agentes de paisano con la placa colgada en el cuello y en la cintura… No logramos enterarnos de qué pasaba así que nos quedamos con la intriga.

A primera hora de la mañana, llamaron a la puerta de nuestra habitación. Era la policía. Una agente joven de paisano con la pistola y la placa en la cintura. Nos preguntó si habíamos visto algo de lo que había ocurrido la tarde anterior. Le dijimos que, cuando llegamos al motel, ya estaba la policía, así que nos dio las gracias y se marchó. Al día siguiente nos enteramos por un periódico local que, a raíz de un aviso por violencia doméstica, un hombre había resultado muerto por los disparos de un policía. Pincha aquí, si quieres leer la noticia.

Canyonlands & Monument Valley

Canyonlands National Park es uno de los parques nacionales estadounidenses más hermosos y variados. Con su considerable extensión (1.366 km2), Canyonlands National Park ofrece uno de los paisajes más espectaculares del oeste americano: puentes de piedra natural, como en Arches. Columnas rojas, como en Bryce y profundas gargantas dignas del mismísimo Gran Cañon.

El planing para hoy era, visitar el parque de Canyonlands (la zona de Island in the Sky) por la mañana, e ir bajando hacia Page (Arizona) donde pasaríamos los siguientes 3 días. Por el camino, teníamos pensado parar en Monument Valley.

CanyonLands no está muy lejos de Moab (unos 50 kms.), así que llegamos a la entrada del parque antes de las 10 de la mañana. Después de pasar por el Visitor Center, fuimos hacia nuestro primer punto, el Shafer Canyon Overlook.

Siguiendo con la carretera que atraviesa el parque, llegamos al sendero que lleva a Mesa Arch. Yendo tranquilamente, apenas se tarda 15 minutos y no tiene dificultad alguna. Por el camino fuimos sacando fotos a florecillas y a alguna lagartija.

Cuando llegamos, no nos salió otra cosa de la boca que un ooooh!!! ¡las vistas a través del arco son increíbles!

Siguiendo hacia el sur, también paramos a ver las vistas desde Green River Overlook y Buck Canyon Overlook

Como punto final de nuestra visita a Canyonlands, fuimos a Gran View Point Overlook. Desde luego, este mirador hace honor a su nombre.

Teníamos calculadas unas 4 horas de viaje para llegar a Monument Valley. Este parque gestionado por los indios Navajos, no pertenece a la red de parques nacionales, y está situado en la frontera de los estados de Utah y Arizona.  Aunque no nos diera tiempo a hacer el recorrido interior en coche, queríamos llegar por lo menos para ver el atardecer.

Monument Valley es uno de los fenomenos naturales más increíbles de los Estados Unidos. La imagen de sus picos rocosos de color rojizo se alzan en una inmesa llanura desértica. Monument Valley es un lugar mítico en la historia del cine. Nueve de las ciento cuarenta películas que dirigió John Ford, se rodaron en este parque.

Como no podía ser de otra manera, paramos en famoso punto de la carretera 163 donde Forrest Gump paró de correr. A parte de la curiosidad filmográfica, las vistas de Monument Valley desde este punto, bien merecen una parada.

Y con el tiempo justo para disfrutar del atardecer, llegamos al parque. La verdad es que no nos dio tiempo a mucho más que ver la tienda ya que el sol estaba ya bastante bajo. La panorámica desde el mirador del Visitor Center es una verdadera pasada y los cambios de luz iluminando los diferentes “Buttes” hacen que, aunque no se haga el recorrido interior, la visita merezca la pena.

Tras el precioso atardecer que habíamos disfrutado, seguimos nuestro camino hacia Page.

Dead Horse Point State Park: Un paisaje de película

Dead Horse Point State Park está situado en el extremo de una meseta,  700 metros sobre el río Colorado, muy cerca del Parque Nacional Canyonlands, en el estado de Utah.

Al no pertenecer a la red de Parques Nacionales, no nos valió el pase que llevábamos, así que tuvimos que pagar la entrada (10$ por coche). Varias películas de Hollywood han utilizado estos paisajes como fondo imcomparable. Las más famosas, Thelma & Louise (escena final) y Misión imposible.

No llevábamos mucha información sobre este parque y la verdad es que apenas le dedicamos unas horas al atardecer, así que nos limitamos a seguir la carretera que va desde el Visitor Center hasta los acantilados.

En el primer mirador donde paramos (Meander Overlook), las vistas eran espectaculares. No sabemos si es porque no esperábamos demasiado de este sitio, pero la verdad es que nos sorprendió gratamente.

Seguimos camino hasta el final de la carretera (Dead Horse Point Overlook) y aquí las vistas eran mejores y más impresionantes, duplicando el fenómeno al ver varios meandros del río desde el mismo lugar de observación.

Nosotros seguimos un pequeño sendero que te lleva hacia la derecha (por el borde del cañon) y que te permite tener otro punto de vista. Las nubes seguían amenazando y aunque no nos permitieron ver el atardecer hasta el final, la luz que salía entre las nubes era una pasada.

La leyenda de Dead Horse Point

Durante el siglo XIX esta zona fue utilizada como corral natural para guardar caballos ya que la única salida era a través de un estrecho cuello de 30 metros. Cuando los vaqueros abandonaron este lugar, varios caballos quedaron allí y a pesar de la puerta de salida estaba abierta, por alguna razón desconocida, los caballos se quedaron allí y acabaron muriendo de sed.

Arches National Park, ! 2.000 arcos de piedra arenisca !

Acostumbrados a ver nubes, nubarrones, etc., ver el cielo tan despejado nos sorprende.

La siguiente etapa en nuestro viaje nos llevará hasta Arches National Park.

Situado al sudeste del estado de Utah, fue declarado Parque Nacional en 1971. Arches National Park, es famoso por ser el lugar de Estados Unidos con mayor concentración de arcos naturales de piedra arenisca. Se tienen catalogados unos dos mil arcos.

El más famoso de todos es el Delicate Arch, que se ha convertido en el símbolo del estado de Utah, apareciendo incluso, en las matrículas de los vehículos.

Como cada día, lo primero que hacemos es pasar por una gasolinera a por provisiones. Seguro que habéis oído hablar de la famosa nevera de poliespan. Nosotros supimos de ella a través del foro de Los viajeros. Apenas cuestan $5 y la bolsa de hielo, otros $3 (para 2 personas el tamaño pequeño es suficiente). ¡Qué invento! Os ponemos una foto para que os hagáis una idea.

Con todo listo, nos dirigimos hacia Arches (está a unos 6 km. de Moab). Tras pasar por el control, vamos al Visitor Center para recoger el ticket del trail que habíamos reservado para hacer por la tarde en compañía de un ranger.

Habíamos leído en la página del parque cuales eran los mejores momentos para fotografiar los arcos, así que hicimos nuestra ruta en base a eso.

Nos fuimos directamente a la zona conocida como Windows Section. El primer arco con el que nos encontramos es Double Arch. La verdad es que desde el parking ya se veía grande, pero cuando estás debajo de él, impresiona.

Prácticamente al lado, están el North Window, South Window y Turret Arch. El acceso a los diferentes arcos se hace a través de senderos de tierra/arena y son accesibles para todo el mundo.

El calor se está empezando a hacer notar. Apenas es mediodía y el termómetro roza los 30°C, menos mal que traíamos unos sobreros con ala (como los de los exploradores, jejeje). Aquí se ve mucha más gente que en Yellowstone o Grand Teton. ¡todo el mundo pasando calor!.

De camino a Sand Dune Arch, pasamos por Balanced Rock: una especie de Castil de Terra de las Bardenas. De hecho, este paisaje se parece bastante.

Si os fijáis, debajo de la piedra más grande, hay un persona que se ve diminuta, así os podéis hacer una idea del tamaño que tiene esa roca.

Para hacer ganas de comer, hicimos parte del trail Devil’s garden, hasta llegar a Landscape Arch. Para esas horas, hacía demasiado calor y la vuelta a parking se hizo un poco durilla.

Comimos allí mismo (en unas mesas que había a la sombra) e hicimos un poco de tiempo hasta que se hizo la hora de ir al trail que habíamos reservado (Fuery Furnance).

Somos unos 28. Gente de todo tipo, incluidos jóvenes. Todos con el calzado adecuado, mucha crema del sol y litros de agua a las espaldas. Son 3h en las que el ranger (una chica majísima) nos explica cosas de lo que estamos viendo a nuestro alrededor, en la naturaleza del parque; de la vida que hay en el desierto porque hay más de la que vemos a simple vista. La verdad es que se hace muy ameno y es muy asequible físicamente.

Nos pareció una actividad muy recomendable, ya que te llevaron por sitios fuera de los senderos habituales, por los que no se puede ir sin permiso.

Para acabar el día, teníamos previsto hacer el trail que lleva al Delicate Arch. A paso normal se tarda aprox. 1 hora y no es excesivamente duro. Cuando llegamos, había bastante gente y es que el sitio lo merece. Es como una especie de anfiteatro donde la gente va a ver el atardecer.

Cuando todavía no se había puesto el sol, se empezó a levantar bastante viento (que arrastraba mucha arena) y el cielo se puso de repente de color gris tormenta. Así todo, no desaprovechamos la ocasión para fotografiar el que posiblemente es, el arco más famoso del parque. Con las últimas luces del día, la piedra se tiñe de un color naranja espectacular.

De vuelta al parking, todavía pudimos sacar todavía alguna foto más.

Hoy madrugamos un poco más de lo habitual. Queríamos hacer una foto que se nos había quedado pendiente en Arches. Era la vista que hay de Turret Arch a través de North Windows al amanecer. El madrugón mereció la pena.

También vimos alguna simpática ardilla…

El calor se empezaba a hacer notar (27°C), aunque en el cielo había nubecillas. El día nos lo habíamos planteado con más calma, así que volvimos a Arches para ver algunos sitios que no habíamos visto el día anterior.