La joya del oeste americano: El Gran Cañon

El siguiente alto en nuestro camino nos llevaría hasta Sedona, un pueblo turístico en el corazón del estado de Arizona.

El porqué de la visita a este pueblo tiene su historia. Cuando nos fuimos vivir juntos Anna y yo, hace ya 12 años (ufff… cómo pasa el tiempo), mi suegro nos regaló un puzle con una foto de un paisaje de Estados Unidos, aunque nunca supimos donde estaba.

Pues bien, mientras buscábamos información para nuestro viaje a la costa oeste de EE.UU., en una guía vimos una foto que se parecía enormemente a nuestro puzle. El lugar era Cathedral Rock, en Sedona.

Como además no estaba excesivamente lejos (a unas 2 horas) de la entrada del Parque Nacional del Gran Cañon, decidimos que sería nuestra base para los siguientes 2 días.

Uno de los caprichos que nos dimos en nuestro viaje, fue reservar un vuelo en helicóptero sobrevolando el Gran Cañon.

¡Una pasada volar en helicóptero y una pasada hacerlo por encima del Cañón del Colorado!.

Descubres ante ti la maravilla de la naturaleza en todo su esplendor! La vista aérea te permite ver el río lejos, abajo, muy pequeño. Pero es el responsable de haber dibujado semejante paisaje en las rocas.

Cómo sólo íbamos a estar un día, nuestra visita se limitaría a hacer la ruta de los miradores, desde Desert View (el punto más alejado que se puede ir coche) hasta Hermist Rest ( en la zona donde sólo se puede acceder en el autobús del parque).

Por la mañana decidimos visitar la zona que se puede ver con coche particular, la Desert View Drive. Fuimos parando en los diferentes miradores. Las vistas son increíbles. Todo lo que la vista alcanza, es Grand Canyon.

También visitamos Desert View Watch Tower. En el interior se encuentra el Tusayan Museum (con temática india). Desde lo alto de la torre se tiene una buena panoramica de parte del Cañon.

Después de comer, dejamos el coche en la zona donde comienza la línea de autobús que recorre la Hermist Road (por cierto que nos costó bastante aparcar por la cantidad de gente que había).Nuestra intención era recorrer todos los miradores bajando en las diferentes paradas del autobús.

Nuestra primera parada, Trail View Overlook. El mirador estaba hasta los topes de gente. Lo que más gracia nos hizo, fue las turistas orientales tapadas hasta las orejas y con paraguas para protegerse del sol.

Sin perder mucho tiempo, cogimos el siguiente bus y viendo que venía a tope de gente, al montar decidimos que sólo haríamos una parada más. Nos bajamos en Pima Point, la anteúltima parada de la línea. Más de lo mismo. Mirador a rebosar de gente que hacía difícil disfrutar de la maravilla que teníamos antes nosotros.

Con la sensación agridulce de haber visto una maravilla de la naturaleza y no haber disfrutado del todo, nos fuimos de regreso hacia el hotel. Para no variar, andábamos justos de tiempo y todavía teníamos que localizar el lugar para sacar la foto que nos había traído hasta Sedona.

Cuando llegamos, apenas faltaban 20 minutos para que cerraran el parque, así que a la carrera, nos pusimos a buscar la localización para la foto. ¡Qué estrés! Al final, nos tuvimos que salir del parque porque nos dieron las ocho y nos iban a bajar la barrera. ¡Otro pequeño disgusto!

Menos mal que Anna se empeñó en seguir buscando en los alrededores del parque y al final encontramos el sitio. ¡Qué bien! Y además era la hora azul. Creemos que mereció la pena.

Después de muchos días de viaje, éste fue uno de los pocos en que nos levantamos sin prisa. Hoy tocaba “turismo” por Sedona. Cargamos el equipaje en el coche y nos fuimos a desayunar. Luego nos acercamos hasta el punto de información y turismo y preguntamos por Tlaquepaque, una recreación de un auténtico pueblecito mexicano en el centro de Sedona.

Está bien para pasar un rato. Hay un montón de tiendas y galerías de arte…

Para acabar nuestra visita a Sedona, nos fuimos a visitar una curiosa capilla que está construida en lo alto de una colina.

Como podéis ver, en Sedona se maneja $$$

A mediodía dejamos Sedona y nos pusimos en marcha hacia nuestro siguiente destino: ¡Las Vegas!

Como no teníamos nada más que hacer que llegar a Las Vegas para dormir, decidimos conducir unos kilómetros por la mítica Ruta66.

Hemos de decir que, este tramo, nos decepcionó un poco . Vamos a ver, igual nos esperábamos otra cosa.

Al llegar a Seligman nos salimos de la autopista 40 y cogimos la carretera 66. Al atravesar el pueblo, nos pareció que era todo como muy turístico, demasiados chiringuitos para comprar suvenires. Cómo pensábamos que habría más pueblos a lo largo del recorrido, no paramos.

Pues bien, hasta llegar a Kingman, a 160 km., lo único que hay es la General Store de Hackberry. Una antigua una estación de servicio ambientada al estilo ruta 66. Paramos a hacer unas fotos y seguimos nuestro camino.

Cuando llegamos a Kingman, cogimos la carretera 93 que nos llevaría hasta Las Vegas. A medida que íbamos acercándonos al límite con el estado de Nevada, la temperatura seguía subiendo. 42°C … 45°C, ¡hasta 48°C! cuando llegamos a la presa Hoover, y eso que ¡eran las 7 de la tarde!. Cómo teníamos pensado volver al día siguiente, sólo dimos una vuelta por los miradores sin bajarnos del coche.

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Publicado el abril 6, 2012 en 2011 - EE.UU. Parques Costa Oeste, Viajes y etiquetado en , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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